Irma Santander /CDP NOTICIAS
Para el padre Uriel Medina Romero el inicio de la cuaresma es una oportunidad para recobrar el sentido a la vida, la evangelización y confianza, luego de una crisis por la pandemia e inseguridad.
“La gente tiene miedo a la inseguridad, miedo a que los visiten, miedo a que les quiten lo suyo, la pandemia casi a visitado a todas las familias, han perdido a sus seres queridos, hay tristeza, y esta epidemia alejó a muchos de la iglesia”, comentó.
A sus 76 años, el presbítero originario de Zacatecas, y quien adoptó a Coatzacoalcos como su hogar, retornó a esta ciudad el pasado 10 de enero, tras estar dos años y tres meses en su estado natal en donde evangelizó y ayudó a la feligresía católica.
En una amplia entrevista con Liberal del Sur, Medina Romero, dijo estar feliz y con 28 años sirviendo al evangelio, que ejercerá hasta donde se lo permita Dios.
“Me siento contento y feliz, aunque haya habido tiempo de crisis, es parte de la madurez, son válidas, hay que aferrarse a Cristo, evangelizar es sembrar o regar la semilla para que la gente crea”, sostuvo en la comodidad de su casa.
De su relación con el obispo Rutilo Muñoz Zamora, aseguró que es muy buena, “yo soy obediente, respetuoso, lo quiero, yo no peleó, no grito, respeto a todos y quiero llevármela bien”.
NUEVA OPORTUNIDAD
La cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la iglesia para prepararse para la Pascua, y es una nueva oportunidad que debe usarse para evangelizar.
“La fe viene de lo que se escucha, y lo que se escucha es lo que se predica y es la palabra de Cristo y cuando esto sucede aparece el trabajo en la mente que cambia la idea de un Dios cercano y que nos ama, de ahí viene la confianza, el perdón, la misericordia y la esperanza”, refirió.
Con un hablar sereno, afirmó que el ego ha hecho presa al hombre y eso ha desencadenado los vicios como el alcoholismo, drogadicción, tabaquismo, dinero, agresividad y desenfreno.
“Hay que despojarnos del hombre viejo, del traje de tinieblas, y revestirnos con el traje y armadura de Dios y de justicia, de nada sirve ponerse las cenizas sino hay conversión, y eso es por la falta de motivación”, detalló.
En estos tiempos, agregó, hay una parálisis espiritual, vacío existencial y frustración, principalmente en los jóvenes quienes han caído en el aburrimiento.
El sacerdote reiteró que no basta con saber la palabra de Dios, hay que escucharla y ponerla en práctica, pero además la oración es fundamental y la reconciliación con Dios.
COATZA ES SU TIERRA
“Nací en Zacatecas pero Coatzacoalcos es mi tierra, he estado en Estados Unidos, en Venezuela, Colombia”, puntualizó.
Pertenece a la Diócesis de Coatzacoalcos, y en sus 28 años de sacerdote ha estado en iglesias de Cosoleacaque, Cuichapa, y Zaragoza.
En la Catedral de San José fue párroco por 12 años y medio, vivió el proceso de la construcción de la modernización del templo religioso.
SU SALUD
El Padre Uriel goza de buena salud, después de haber sufrido un infarto hace cinco años.
Y es que también fue víctima de dos derrames cerebrales y una cirugía a corazón abierto, que ha logrado sortear con los cuidados médicos y la fe en Cristo.
“Ando muy bien, el año pasado me dio el covid, hace años un infarto, derrame cerebral, y ahí vamos me siento fuerte, puedo hablar, puedo coordinar la mente y me estoy recuperando”, apuntó.
Actualmente está como Vicario en las iglesias Santiago Apostol y en el Santuario de Guadalupe, oficiando misas, confesiones y retiros.
