Irma Santander | CDP NOTICIAS
En vísperas de la la Semana Santa, el flujo migratorio por el sur de Veracruz no solo refleja una crisis económica, sino también una profunda búsqueda de refugio espiritual.
Para hombres como Fernando Ortega, originario de Honduras, la Iglesia Católica y sus albergues se han convertido en el único soporte tras 45 días de travesía por territorio mexicano.
Fernando, quien inició su recorrido hace más de un mes, relató que su paso por México ha sido una prueba de resistencia.

“Quizás tengo como unos 45 días porque vengo de Tenosique, Tabasco, llegué a Coatzacoalcos ayer”, explicó.
A pesar de haber sido deportado en años anteriores, su determinación permanece intacta, impulsada por la necesidad de sustento para su familia.
El hondureño detalló que su meta inmediata es el norte del país, con la esperanza de cruzar hacia la frontera estadounidense.
“En sí quiero llegar a Monterrey por lo pronto, pero la idea es llegar hasta Reynosa”, señaló Ortega, quien viaja solo pero ha encontrado acompañamiento solidario en otros migrantes durante su estancia en la ciudad.
“Salí prácticamente por razones económicas, la falta de empleo, la falta de posibilidades, eso me trae por acá de vuelta”, puntualizó.
Por su parte, el Padre Joel Ireta Munguía, responsable de la Pastoral de Movilidad de la Diócesis de Coatzacoalcos, destacó que para estas personas la Semana Santa no es una fecha en el calendario, sino una realidad que cargan sobre sus hombros desde que abandonan sus hogares.
“Cada año, ya cuando se aproxima la Semana Santa, unos días antes, también queremos resaltar ese significado del Viacrucis del Migrante. Ellos, desde que salen de su país, vienen con este Viacrucis ya”, expresó el clérigo.
El sacerdote lamentó las condiciones de vulnerabilidad extrema en las que arriban los extranjeros a la casa de asistencia local, enfrentando peligros que van más allá del cansancio físico.
“En el caminar se encuentran siempre peligros, algunos son despojados de sus cosas, algunos vienen en situación de hambre, de enfermedad”, afirmó Ireta Munguía.
Reafirmó el compromiso de la Iglesia por brindarles un espacio de paz y protección en medio de su calvario particular.

