Irma Santander | CDP NOTICIAS
En medio de la lluvia y el norte, a las 6:30 de la mañana de este martes, llegó a Villa Allende el cuerpo de la señora Inés Alvarado Rojas, una de las 13 víctimas del descarrilamiento del Tren Interoceánico en la comunidad de Nizanda, Oaxaca.
A bordo de la carroza fúnebre, volvió doña Inés al número 1910 de la avenida Zamora, su hogar de toda la vida, pero esta vez para ser velada.
Lo que inició como una visita llena de amor maternal en Salina Cruz, terminó en una despedida inesperada. Inés de 57 años, había viajado una semana atrás para ver a uno de sus hijos, quien labora en aquella zona.
Aquel domingo (28 de diciembre), con la ilusión de preparar las fiestas de fin de año, abordó el tren de regreso. Su destino era el calor de su familia en Villa Allende, pero el descarrilamiento truncó el camino.
EL ÚLTIMO RECUERDO
Su esposo, Ignacio Carrillo Melchi, con quien compartió 35 años de matrimonio, la recibió en la sala de su casa, hoy convertida en un altar de coronas y recuerdos. Con la voz entrecortada por la nostalgia, rememoró la sencillez de su compañera de vida, a la que de cariño llamaba “Gordita”.
“Es una persona que fue muy sana, muy trabajadora, muy emprendedora y, sobre todo, dedicada a la familia”, relató.
Recordó con especial ternura sus mañanas cotidianas.
“En la mañana normalmente nosotros tomamos mucho jugo verde. Y decía: ‘trae el jugo, vamos a desayunar'”, expresó con una sonrisa.
UN VIAJE QUE INSPIRABA CONFIANZA
Para la familia Carrillo Alvarado, el Tren Interoceánico no era un transporte ajeno; era un medio que disfrutaban por su comodidad y sus paisajes.
De hecho, Inés se había adelantado en este viaje para “ver cómo estaba el asunto”, pues en enero de 2026 planeaba regresar a Salina Cruz junto a su esposo y su nieto.
“Nosotros hemos viajado a Palenque, a Medias Aguas, hay confianza en el tren y lamentablemente los accidentes ocurren. El servicio para mí es excelente porque la velocidad no es fuerte, va uno en la ventanilla”, comentó Ignacio, aún asimilando cómo un trayecto que consideraban seguro terminó en tragedia.
EL APOYO Y LA ULTIMA MORADA
El cuerpo de doña Inés fue escoltado desde Juchitán por unidades oficiales, tras un esfuerzo coordinado entre el Gobierno Federal y las autoridades de Oaxaca.
Según informó su esposo, han recibido un apoyo inicial para gastos de 30 mil pesos, y se encuentran en contacto con un asesor para hacer efectivo el seguro del Tren Interoceánico.
Rodeada de sus dos hijos, nietos, nueras, familiares, y vecinos que dieron fe de su bondad, fue llevada a su última morada al Panteón de Villa Allende. Ahí, entre oraciones y el eco de una vida dedicada al trabajo y al amor familiar, descansará eternamente quien solo deseaba volver a casa para abrazar a los suyos en Fin de Año.

