Irma Santander Vera / CDP NOTICIAS
Elizabeth Pereira García, padece carcinoma cervicouterino en etapa 2,
aunque se encuentra en fase de vigilancia, el cáncer transformó su vida y su lucha va más allá de la cuestión física, se vio profundamente afectada en la salud mental.
Su testimonio está marcado por secuelas y la lucha contra el trauma de la enfermedad.
Tiene 44 años, se encuentra en un periodo de vigilancia médica que ya suma tres años y debe prolongarse por dos más antes de considerar el alta definitiva.
“El mínimo es cinco años para que pueda estar ya en un proceso definitivo de cancelación de la vigilancia”, indicó.
La detección temprana como única opción
La paciente oncológica del hospital de zona número 36 del IMSS enfatizó que su capacidad para seguir luchando se debe a la rapidez con la que se identificó la enfermedad, un factor que es vital ante el panorama que observa en los grupos de apoyo.
“En mi caso fue una etapa dos que pude detectar a tiempo con mis chequeos rutinarios, me pude dar cuenta, de un día para otro cambió mi vida”, remarcó.
El testimonio se oscurece al contrastar su experiencia con la realidad de otros pacientes: “es muy triste ver decesos, pero porque ya están en una etapa muy avanzada,” advirtió.
Pereira García dijo que cáncer le ha cambiado la vida, dejándole un rastro de secuelas que la obligan a continuar su lucha diaria.
“En este caso yo tuve un cáncer cérvico uterino y esto pues me cambió bastante la vida, el dolor físico y mental es muy grande, aunque esté en vigilancia todavía tengo muchas secuelas”, sostuvo.
Subrayó que este dolor es una realidad constante, incluso después de superar la fase más aguda del tratamiento.
“Los cánceres cambian, el dolor sigue, aunque lo supera uno con terapias y todo, el dolor siempre está, física y mentalmente”, reiteró.
Por esta razón, la paciente agradeció profundamente la labor de apoyo de fundaciones que ayudan a mitigar el impacto emocional.

