Irma Santander/CDP NOTICIAS
Sus ilusiones por alcanzar el sueño americano, terminaron por postrar en una cama a Edwin Alexander Funes Gálvez, migrante hondureño.
Joven de apenas 22 años, Edwin sólo tenía en la mente llegar a Virginia, Estados Unidos, para poder darle una vida digna a su madre Doris Marlene, y comprarle una casa, sin embargo, un accidente automovilístico cambió la ruta drásticamente.
El pasado 14 de octubre salió del municipio La Lima, departamento del Cortés en Honduras junto con un primo, llevaba una mochila con cuatro mudas de ropa y 5 mil pesos.
EL ACCIDENTE
Postrado en una cama de hospital, con fierros de metal para la fractura de pelvis y pierna derecha, el hondureño pasa los días en un pequeño cuarto de la vivienda que rentan en el poniente de Coatzacoalcos.
Por momentos pensativo, relató el día en que viajaba en una camioneta con nueve migrantes más, unos encima de otros, en Fresnillo, Zacatecas. La unidad se impactó contra un remolque, había mucha neblina en la carretera, aunado al acceso de velocidad.
“El accidente fue el 26 de octubre, salimos del hotel a las tres y media de la mañana, todos veníamos dormidos, yo solo me acuerdo que chocamos contra un remolque e íbamos dando vueltas en el aire, fui el primero que salió volando, mis otros dos amigos murieron, el accidente fue a las siete de la mañana”, recordó.
De tez blanca, el centroamericano pensó que iba a morir, “tan sólo de acordarme me da tristeza, fue muy fuerte, yo quedé tirado como a 30 metros de la camioneta, perdí el conocimiento por minutos, me quise levantar y no pude, me llevaron al hospital”, reveló.
En el nosocomio de Fresnillo, Zacatecas, fue operado y de ahí trasladado en ambulancia a Coatzacoalcos, ciudad en donde vive su tía, quien lo cuida junto con su madre Doris, que llegó días después del accidente.
Señaló que el proceso ha sido difícil, los doctores le diagnosticaron por lo menos seis meses para su recuperación.
Sin embargo, lo más complicado para él y su familia, son los gastos médicos, de curación, medicinas y alimentación, ya que han erogado desde el accidente un promedio de 200 mil pesos.
Es la primera vez que salía de su natal Honduras, tras una vida muy complicada, rodeada de pobreza y desempleo.
En La Lima era ayudante de chófer de un autobús, trabajaba desde las cuatro de la mañana hasta las ocho de la noche para poder mantener a su madre.
LA RUTA MIGRANTE
Edwin pagó al “coyote” 13 mil 500 dólares por llevarlo a Virginia, Estados Unidos.
El dinero lo dio por adelantado, antes de salir de Honduras.
Dijo que cuando contactó a la persona, le prometieron estar en diez días en Estados Unidos.
Así como un viaje cómodo, sin precariedades, con alimentación y un lugar para dormir en determinados puntos del recorrido.
Todo fue mentira, “íbamos amontonados en una camioneta, caminamos en la lluvia y sol por ranchos, pasamos horas en lancha, mal comidos, mal dormidos, para todo nos pedían dinero, hasta por ir a comprar algo en una tienda”, precisó.
Refirió que fue un viaje cansado, iban mujeres y pequeños, eran los que más sufrían.
Incluso, el grupo de indocumentados enfermaron de gripe y tos cuando llegaron a Puebla.
“ESTOY VIVO”
El hondureño quien confesó que por momentos llora y se deprime, pero da gracias a Dios por tener vida.
“Le doy gracias a Dios porque me dejó con vida y quiere decir que hay un gran propósito para mí, estoy agradecido porque pensé que me iba a morir”, sostuvo.
Confió en qué volverá a caminar. Edwin es atendido en el hospital regional de Coatzacoalcos, su próxima cita es en febrero para el retiro de los fierros.
“Mi recuperación gracias a Dios va bien, los doctores me dijeron que el 2 de febrero me iban a retirar estos fierros del estómago para ver si ya estaban pegados mis huesos”, subrayó.
Ingiere alimentos en la cama, ahí se asea y hace sus necesidades fisiológicas.
Edwin requiere del apoyo de la ciudadanía, principalmente material de curación, y frutas y verduras para su alimentación.
La casa del migrante Santa Faustina Kowalska ubicada en calle La venta número 425 en la colonia Paraíso Las Dunas lado playa, es quien se encarga de recibir las aportaciones del joven.
