Irma Santander/CDP NOTICIAS
Su sueño era llegar a Las Vegas en Estados Unidos, pero el destino le cambió sus planes y lleva más de dos años en Coatzacoalcos.
Betty Carolina Ventura González, es una de las migrantes hondureñas que salen de su país para cambiar el rumbo de su vida.
Tiene 40 años y es originaria de San Pedro Sula, Honduras; ha obtenido el refugio por parte de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) así como la tarjeta de residente para recorrer el territorio mexicano sin problemas.
Sin embargo, se ha topado con la difícil situación económica en Coatzacoalcos, y apenas le alcanza para mantener a sus tres menores hijas, una de ellas nacida en esta ciudad y las otras dos en Honduras.
SU TRAVESÍA
En abril de 2019, la precaria vida de Honduras la hizo agarrar un pequeño maletín con algo de ropa y mil 300 lempiras para emprender un largo camino con destino final Las Vegas, Estados Unidos.
Dejaba a sus dos pequeñas al cuidado de su madre, y llevaba a cuestas un embarazo de tres meses, miedo, temor, incertidumbre y fe en Dios para cumplir su objetivo.
“A los siete días llegué a Tenosique, viajé en tren, caminando por mucho tiempo, salí de Honduras porque no tenía trabajo, no tenía otra opción, estaba de arrimada, no estaba cómoda”, relató.
Cuando llegó a Coatzacoalcos, estuvo en un albergue, comenzó a buscar trabajo para sobrevivir y poder alimentarse. Durmió afuera del hospital regional y luego buscó rentar.
Durante su trayecto de Honduras a la frontera, recordó que el ferrocarril donde viajaba en la parte de arriba se descarriló por Tabasco, “casi nos matamos, yo venía durmiendo cuando sentí el golpe por poco me caigo, sentí miedo, solo fue el susto”, dijo melancólica.
Betty aseguró que nunca fue asaltada en el camino, comía lo que podía y se bañaba en los albergues.
NO LE ALCANZA EL DINERO
De tez blanca, Betty carga a su pequeña hija de dos años, mientras explica que trabaja como doméstica en varias viviendas de la ciudad.
Gana de 200 a 300 pesos al día, cantidad insuficiente ya que además de mantener a su hija de dos años, también lo hace para sus otras dos niñas que hace cinco meses llegaron de Honduras y están a la espera de obtener su tarjeta de residente.
En los dos años de restar residiendo en la ciudad, constató que no se gana económicamente lo suficiente para poder vivir, y ahora una vez que obtenga la residencia de sus hijas irá al norte del país a trabajar en las maquilas.
“Pago mil cien de renta, aparte la luz, tengo que buscarle para mantener a mis hijas, hay días que me llaman para trabajar, otros días no”, destacó.
YA NO QUIERE ESTAR EN COATZA
La centroamericana piensa irse de Coatzacoalcos una vez que sus hijas tengan la carta de residencia permanente que entrega el Instituto Nacional de Migración.
“Mi idea es irme para otro estado porque aquí no hay futuro para mi y mis hijas, todo está caro, mis hijas dejaron de estudiar”, precisó.
Vive al día pero no se arrepiente de haber dejado su país, porque asegura que la situación económica es peor.
“No me arrepiento, los mexicanos se han portado bien conmigo, nunca me han asaltado”, agregó.
Betty y sus tres hijas tiene el proyecto de irse a la frontera a continuar su camino.
