Irma Santander /CDP NOTICIAS
Desde su adolescencia, Guadalupe Gallardo Bravo fue vulnerable a diversas enfermedades, que al final la llevaron a refugiarse y ser una ferviente adoradora de la Santa Muerte.
En la casa de oración de la Santa Muerte ubicada en la colonia Puerto México, cada 1 y 2 de noviembre, Guadalupe de 75 años le lleva mariachis para cantarle a la muerte, los creyentes le oran frente al colorido altar para que cuide de ellos y del mundo, así como de los difuntos.
En la casa de oración hay más de 300 figuras de la Santísima Muerte, de todos los tamaños y con vestimenta de diferentes colores, están rodeadas de veladoras, calaveras, frutas, vasos con agua, refresco, cerveza, fotografías de personas, cuadros, pósters y diversos objetos.
Muy serena y segura de sí, doña Guadalupe afirmó que no hay que tenerle miedo a la muerte porque es un ser de luz que cuida las personas.
Le pidió a la ciudadanía que se documente y que no crean en las falsas profecías.
“No hay que tenerle miedo a la muerte porque con la muerte llegamos y con la muerte nos vamos, no hay que satanizarla”, dijo sentada en su mecedora a un costado del altar que ahí mora desde hace muchos años.
SUS INICIOS DE ADORACIÓN
Desde pequeña sufrió de enfermedades y fue a los 15 años cuando sus padres la llevaron con un brujo en Catemaco, “él me dijo que yo tenía a la muerte y mientras yo no me despojara y viera hacia adelante siempre iba a estar así”, relató.
Desde esa vez, Guadalupe decide salir de su casa y seguir a la Santa Muerte; con el paso del tiempo se casó, y tuvo tres hijos, uno de ellos falleció en un accidente automovilístico.
Nacida en Alvarado, Veracruz, dijo que años más tarde comprendió que la figura de la muerte no es sinónimo de brujería, “ella es un ángel de luz, y no le gustó estar en el cielo por eso la satanizan cuando ella nos ama”, confío.
LE PIDEN DE TODO
A la Santísima Muerte le piden de todo, desde la salvación de un matrimonio, por la salud, enfermedad, infidelidades, entre otras cosas.
Doña Guadalupe, aseguró que han llegado personas a la casa de oración ha pedirle que haga “trabajos sucios”, a lo que atajó, de eso no hay nada, porque la muerte es un ser de luz.
DEVOCIÓN A LA MUERTE LA ALEJARON DE SU FAMILIA
Su fervor por la efigie, reconoció, la ha alejado de sus hijos y nietos.
“Ellos se han refugiado en el cristianismo para que yo alcance el perdón”, detalló.
Puntualizó que cree en Dios y en la Virgen María, y le tiene respeto a todos los santos.
Ha recorrido varias partes de la República Mexicana en peregrinaciones adorando a la Santa Muerte.
La casa de esta figura representativa de la muerte está integrada por 20 personas, y se ubica en Díaz mirón esquina reforma 1620 de la colonia Puerto México.
