Irma Santander/CDP NOTICIAS
Este año, un promedio de cien niños migrantes han cruzado las vías férreas de Coatzacoalcos y la región sur para llegar a la frontera en busca del anhelado sueño americano, reconoció el párroco Joel Ireta Munguía, asesor diocesano de la Movilidad Humana en la Pastoral Social de la Diócesis.
El también encargado de la casa del migrante de la Diócesis de Coatzacoalcos, señaló que estos pequeños tienen entre 3 y 10 años de edad, además de adolescentes de 12 a 17 años.
La mayoría viajan acompañados de sus padres, y su travesía la realizan colgándose de “la bestia”, y caminando por varios kilómetros bajo el sol y lluvia, aunado a estar expuestos a hechos delictivos.
“La gran mayoría trae llagas en los pies por el hecho de caminar demasiado, algunos vienen con deshidratación, no hemos detectado a ninguno con covid, dolor de cabeza por tantos días sin comer”, puntualizó.
Si el infante viene en condiciones de riesgo en su salud, se les canaliza a los hospitales para su atención médica.
FLUJO MIGRATORIO
De enero a julio, han pasado por el sur 18 mil 500 centroamericanos, cuando en el 2020 la cifra fue de 12 mil.
“Estamos hablando de tres veces más de lo que comúnmente se da”, expuso.
Ireta Munguía explicó que el aumento del flujo migratorio, en primer lugar es por la mala información sobre el libre tránsito y apertura de las fronteras en Estados Unidos, “esto hizo que varios migrantes de Honduras, El Salvador, Guatemala, salieran de sus países con la esperanza que iban a pasar a Estados Unidos, y no es así”.
Otra de las causas de la migración, es el huracán que arrasó con Honduras, y que dejó a muchas familias sin hogar y empleos, teniendo que salir para encontrar una mejor calidad de vida.
Otros salen huyendo de la violencia, y algunos optan por ser parte de los grupos delictivos.
“La gran mayoría son jóvenes entre 17 y 24 años, han pasado familias completas el papá, la mamá, los hijos, o a veces la mamá con sus hijos y muy rara vez el papá con sus hijos”, refirió.
Los indocumentados son en un 80 por ciento nacionalidad hondureña, el resto de Guatemala y El Salvador.
Viajan en los vagones del ferrocarril y algunos pagan a los polleros para ir en autobús.
La casa del migrante de la Diócesis de Coatzacoalcos los recibe 24 horas para descansar, comer y asearse.
