Irma Santander | CDP NOTICIAS
Debido al desplome en las ventas tras el derrame de hidrocarburos que afectó las playas de Coatzacoalcos, los restauranteros de la congregación de Las Barrillas se han visto obligados a modificar radicalmente su oferta gastronómica.
Los comensale aún tienen temor de comer los productos del mar, en ese sentido, los comerciantes han tenido que priorizar la venta de antojitos sobre los platillos tradicionales.
Felicita Martínez, vendedora de la zona, explicó que esta transición culinaria es la única vía para subsistir, especialmente tras una temporada de Semana Santa que resultó baja.

“Las ventas están bajísimas; el marisco es lo que de plano disminuyó. Ahorita, lo que hemos estado vendiendo son anpanadas, tostadas, panuchos y tacos dorados”, detalló.
La situación, que los propios prestadores de servicios califican como la crisis más severa que han enfrentado —incluso por encima de las afectaciones durante la pandemia—, se agrava por la falta de respaldo institucional.
Martínez señaló que, a casi dos meses de la contingencia, no han recibido ningún tipo de ayuda, a pesar de la presencia de personal de Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
Los afectados denuncian que los apoyos han sido selectivos, excluyendo a gran parte de la cadena productiva local.
“Nos dicen que Pemex solo autorizó apoyar a los pescadores que están en cooperativa, ni siquiera han apoyado a los pescadores libres, ni a los que nos dedicamos a la venta de marisco, vendedores ambulantes, ostioneros”, lamentó la restaurantera.
Con mesas vacías y una afluencia turística casi nula, los habitantes de Las Barrillas reiteraron que la economía de la congregación depende totalmente del turismo, por lo que la omisión de las autoridades ante este desastre ambiental mantiene a decenas de familias en una situación de vulnerabilidad económica constante.

