Irma Santander/ CDP NOTICIAS
A pesar del acelerado desplazamiento lingüístico que enfrentan las comunidades originarias asentadas en Coatzacoalcos, la Sociedad Istmeña-Zapoteca del sur de Veracruz busca incentivar la preservación de las lenguas indígenas directamente desde el hogar.
Rolando Benítez Valencia, presidente de dicha sociedad y originario de Ciudad Ixtepec, Oaxaca, señaló que el entorno familiar es el último bastión para rescatar idiomas como el zapoteco y el náhuatl, los cuales se han ido debilitando tras décadas de migración y la presión social por adaptarse a la vida urbana.
El desinterés de las nuevas generaciones
Uno de los principales obstáculos es la brecha generacional. Benítez Valencia lamentó que los jóvenes ya no muestran interés por aprender la lengua materna de sus antepasados, siendo pocos los casos que lo hacen por voluntad propia.
“Las nuevas generaciones ya no hablan el zapoteco; sólo contados son aquellos jóvenes que llegan a aprenderlo por gusto”, explicó el representante, quien reside en esta ciudad desde hace más de 50 años.
El estigma y el miedo al error
La pérdida de la lengua también tiene raíces en el temor a la discriminación. Muchos hablantes que emigraron de sus comunidades de origen optaron por no transmitir sus conocimientos lingüísticos para evitar que sus hijos fueran “mal vistos” o que presentaran dificultades con el castellano.
“En el caso de mis hijos y nietos, no llegamos a enseñárselo por el temor de que pudieran llegar a equivocarse y fundir el castellano con su lengua original”, dijo.
Actualmente, el uso del zapoteco ha quedado reducido a círculos íntimos, practicándose únicamente entre esposos o amigos provenientes de la región oaxaqueña.
Un llamado a la preservación
Mientras que en las comunidades de origen el zapoteco sigue siendo la lengua principal de comunicación, en contextos como el de Coatzacoalcos la tradición se extingue.
Benítez Valencia enfatizó que, aunque existen esfuerzos institucionales como casas de cultura en Oaxaca que enseñan a niños de primaria, la responsabilidad recae mayormente en la voluntad de las familias migrantes.
“Se ha ido perdiendo la tradición de las lenguas… desde casa se tiene que trabajar en esa preservación, ya sea del zapoteco, náhuatl o alguna otra lengua”, concluyó.

