Irma Santander / CDP NOTICIAS
Desde pequeña, Xóchitl Moreno Uscanga vivió en carne propia la violencia familiar, psicológica, física y económica. Lejos estuvo de conocer lo que era un abrazo, palabras amorosas y el cariño de un hogar.
Hoy es una tanatóloga clínica exitosa que en el 2020 recibió de la Universidad Internacional en Desarrollo Humano y Liderazgo el título de Doctor Honoris Causa por la ayuda incansable hacia las mujeres víctimas de algún tipo de violencia, y por su ayuda humanitaria a las comunidades de escasos recursos.
Tiene la carrera en administración, y fue Capitán de corbeta de las fuerzas armadas durante 22 años.

SU MADRE LA DEJÓ CON SU ABUELA
A los dos años de edad, su madre dejó a Xóchitl con su abuela y se fue a vivir su vida sin su hija.
Tres años después, la señora regresó y comienzan los malos tratos.
“Empiezan los golpes con palo, con cables de luz, mis partes íntimas muy maltratadas, yo la quería abrazar y ella me decía qué clase de cucaracha eres para abrazarme, quítate de aquí, me decía”, recordó.
Uno de los episodios más aterradores y triste de su infancia, fue cuando su propia madre intenta quitarle la vida.
“Tenía 12 años cuando peleando con mi hermana me baja de la cama y me intenta asesinar, se me monta encima con una cara totalmente desfigurada y me empieza a ahorcar, cuando llegó mi abuelita me la quitó de encima, yo ya estaba más del otro lado que de este “, relató.
Esta etapa de su vida le ocasionó mutismo, es decir, se le quitaron las ganas de hablar. Años más tarde comenzó a socializar.
Sin embargo, la violencia física y familiar continúo por muchos años con reclamos y golpes por parte de su madre.
SU PRIMER MATRIMONIO
Por no conocer la parte amorosa en casa su primer matrimonio resultó un fracaso. Pro creó a dos hijas.
“Me casé con un hombre que el día de la boda me agarró a puñetazos estando yo vestida de novia, y eso no me lo hizo cuando éramos novios. Entonces yo dije es un caso aislado, no va a pasar nada”, aseveró.
De ahí siguió la violencia económica. Estando embarazada le dio de patadas.
Era un alcohólico y los golpes eran cotidianos. Hubo infidelidad.
“Siempre andaba morada de los brazos y de las piernas, nunca de la cara. Yo siempre lo justificaba creyendo que iba a cambiar y así aguanté siete años de mi vida”, expresó.
Cuándo decide salir de ese círculo vicioso, comienza a trabajar en una institución bancaria en la ciudad de México. Sus hijas se quedan a cargo de su bisabuela.
En esta etapa tramita el divorcio.
Entonces, el papá de las niñas decide demandar a Xóchitl por omisión de cuidado y maltrato a menores.
“Mi propia madre, y mi esposo fueron los que me acusaron de omisión de cuidado, afortunadamente las autoridades y el DIF municipal me dieron la razón y me quedé con la custodia de mis hijas”, sostuvo.
Sin embargo, refirió que en un momento determinado tuvo una orden de aprensión, que, afortunadamente libró al comprobar que no ejerció maltrato contra sus pequeñas.
La tanatóoga aclaró que cuando fue víctima de violencia, nunca demandó a su agresor, porque desconocía quien podía brindarle ayuda y adonde acudir.
La especialista admitió que todo este viacrucis, la desgastó, la deprimió, “ estaba enojada con la vida, con Dios, con todos, me volví violenta, porque yo no podía con todo este dolor que estaba viviendo“, dijo.
SEGUNDO MATRIMONIO
Xóchitl volvió a repetir el mismo patrón en su segundo matrimonio.
“Volví a cometer el mismo error, repetí el mismo patrón, y otra vez me tocó un hombre maltratador. Entonces ahí me di cuenta que este hombre llegó a mi vida para darme cuenta que la que estaba mal era yo”, indicó.
Esta etapa sólo duró tres meses y a partir de ahí decidió ir a buscar ayuda profesional.
Ya para el 2012, cambió su vida, la relación con sus hijas mejoró. Comenzó a sanar sus relaciones con su madre y con su padre.
“Empezó a ver una conexión con mis hijas, que por muchos años se perdió y es cuando empiezo a estudiar la tanatología”, manifestó.
AYUDA A LAS MUJERES
Fue en el 2017, cuando una vez que estudió la tanatología, comenzó a ayudar a las mujeres que vivieron su misma situación.
“Quería ayudar a las mujeres, porque no sabes cómo salir de esa violencia, a mi consultorio llegan personas que no me pagan ni un peso, pero las ayudo porque lo necesitan“, indicó.
Puntualizó que acudió a la Cámara de Diputados cuando estaba viviendo violencia y con la entonces primera dama de México, Martha Sahagún, quien le brindó la ayuda para poder resolver su situación jurídica.
Hoy vive su tercer matrimonio completamente feliz con un hombre diferente, en dónde hay comunicación y respeto.

